LA GLOBALIZACIÓN DE LA INDIFERENCIA O CULTURA DEL DESCARTE

LA GLOBALIZACIÓN DE LA INDIFERENCIA O CULTURA DEL DESCARTE

“Lo único que necesita el mal para triunfar en el mundo, es que los buenos no hagan nada”

(Edmundo Burke)  

Resumen: Durante los últimos tiempos hemos sido testigos de una gran transformación de la sociedad. La globalización, entendida como ese proceso de interacción entre personas, empresas y gobiernos trajo consigo un nuevo modo de relacionarnos con otras partes del mundo. La misma, también produjo un beneficio para el terrorismo yihadista ya que este observó en ella una herramienta útil para difundir su mensaje extremista alrededor del planeta.

La perpetración de los propios atentados también traería consigo una multiplicidad de reacciones de condena y repulsa hacia los mismos, así como hacia sus autores. Pese a ello, en la actualidad se detecta que dicha condena es inexistente o de bajas intensidades cuando la acción violenta se produce fuera de Occidente. En torno a esta idea se postula el concepto de globalización de la indiferencia o cultura del descarte.

Palabras clave: Globalización de la indiferencia, radicalización, terrorismo, yihadismo, polarización, medios de comunicación, maldad líquida, banalidad del mal, sociedad.

¿Qué es la globalización de la indiferencia?

La globalización de la indiferencia o cultura del descarte es un fenómeno social basado en el individualismo y la mentalidad utilitarista. En palabras del propio Papa Francisco se puede definir como el proceso en el que el ser humano llega a normalizar el acometido de atrocidades[1]. Dicho fenómeno es consecuencia de una globalización basada en la escasez de valores éticos como la solidaridad y la empatía. En esta cultura del descarte las sociedades más desarrolladas desde un prisma económico optan por un desarrollo exclusivista en el que los más desfavorecidos no tienen cabida. Esta globalización de la indiferencia, en términos generales, consigue minimizar la relevancia del valor intrínseco más importante que poseemos los seres humanos, el valor de la vida. Dentro de este ecosistema de menor empatía se podría explicar el potenciamiento de la polarización social y el surgimiento de nuevos radicalismos violentos.

Para entender con mayor exactitud estos conceptos sería interesante analizar una serie de atentados terroristas a nivel mundial. De esto modo el presente estudio pretenderá reflexionar acerca de la diferencia de tratos y repercusión mediática que estos han tenido:

El 13 de noviembre de 2015 se produciría una concatenación de atentados violentos yihadistas en París. Dichos atentados se saldarían con centenares de víctimas causando un enorme impacto mediático y consiguiendo una homogénea reacción de repulsa y de rechazo social hacia la violencia terrorista . Los noticiarios y demás programas de información abordarían los hechos con exhaustividad y, en cierto modo, mantuvieron informados continuamente a la sociedad acerca de los datos y detalles del mismo. Durante esos días pudimos observar un periodismo con capacidad de abordar el problema del terrorismo en Europa con minuciosidad y precisión, subrayando el peligro que este supone internacionalmente para los Estados Democráticos. En términos generales, nos mostraron que la intencionalidad de este se basa precisamente en quebrar los derechos y libertades fundamentales legitimando la violencia para la consecución de una serie de objetivos político-religiosos.

A su vez, las redes sociales comenzarían iniciativas en las que millones de personas mostraban su rechazo a la violencia y apoyo a las víctimas de los atentados. Este apoyo se brindó a través de comentarios, textos, imágenes etc. Sin ir más lejos, Facebook pondría en marcha un servicio para que los usuarios de la red social que se encontraban justamente en la zona afectada pudieran avisar a sus contactos de que se encontraban fuera de peligro[2].

Por otro lado, desde otra red social, Twitter en este caso, se fomentaría el hashtag #PrayforParis, a modo de que la sociedad pudiera expresar sus condolencias al pueblo francés.

Estas iniciativas nos muestran el gran impacto mediático que tendrían estos atentados. De esta manera, ese trato y difusión que los medios de comunicación dieron a la noticia generaron un clima de gran preocupación en la sociedad europea.

análisis de atentados producidos fuera de Europa ¿mismo impacto mediático que en los de París?

Noviembre del año 2017. Egipto sufre el peor atentado de su historia alcanzándose la cifra de más de 305 fallecidos. Entre las víctimas mortales se encontraron 27 niños[3]. El modus operandi del atentado se basó en un ataque contra una mezquita ubicada en la provincia de Sinaí. Acerca del atentado pocos detalles más se conocen. Precisamente, los medios de comunicación apenas abordarían la temática. Este hecho llama la atención ya que las víctimas de fallecidos casi triplicaba a los de París.

Noviembre del año 2020. Nigeria es sacudida por un atentado terrorista producido por el grupo yihadista Boko Haram. El hecho se saldó con un cómputo total de 110 civiles asesinados. Se trató de un ataque en los arrozales de una aldea del noroeste del país. El modus operandi del mismo se trató de un brutal ataque perpetrado por hombres armados que se desplazaban con motocicletas. Las víctimas se trataban de agricultores y, varias decenas de ellos fueron posteriormente decapitados en el ataque[4]. Pese a la brutalidad de los actos, una vez más el impacto mediático fue escaso. En España, por ejemplo, se observó un gran desdén de las cadenas televisivas con mayor audiencia las cuales abordaron el hecho de manera superficial. Quedó patente, por tanto, un claro contraste con por ejemplo la minuciosidad de detalles aportados en el atentado de la sala “Bataclan” de París.

2021, en Kabul. Las autoridades afganas notifican de la producción de un nuevo atentado terrorista. El mismo produciría la cifra de 85 muertos y 147 heridos. Este tendría lugar en una escuela femenina de minoría chií hazara. Como modus operandi se emplearon un coche bomba y dos explosivos[5]. Indudablemente, se trata de un atentado bastante reciente y, pese a ello, una vez más no se recuerda que haya sido abordado con suma exhaustividad por parte de los medios.

Con todo ello podemos comenzar a sacar nuestras propias conclusiones. Y es que, el tratamiento y seguimiento de estos atentados por parte de los medios y, por consiguiente, de la sociedad europea, guardó sustanciales diferencias con los ocurridos, por ejemplo, en París. Este hecho no deja de llamar la atención en tanto en cuanto la cifra de víctimas era igual o superior que en los atentados de Francia.

La cultura del descarte o globalización de la indiferencia en cierto modo explican esta indiferencia social que impregna aquellas noticias que se producen fuera de Europa. Dicha impasividad también podría explicarse como resultado de la existencia de una cercanía geográfica entre los países europeos. Por eso, cuando se da un atentado yihadista en Europa, los países que integran el continente perciben un aumento exponencial de las probabilidades de que el atentado se produzca dentro de sus fronteras también. Pero, por otro lado, cuando estos se producen en zonas relativamente alejadas esta percepción de peligro disminuye creciendo la indiferencia social.

La normalización del mal

En este punto es interesante introducir el concepto de maldad líquida. Esta maldad es un término acuñado por los filósofos y sociólogos Zygmunt Bauman y Leonidas Donskis. Estos autores nos explican que el mal no es algo novedoso.  De hecho, este lleva adherido a la sociedad desde tiempos inmemoriales. Pese a ello, como consecuencia de unas cambiantes características sociales hemos podido observar la génesis de una novedosa tipología de maldad, la líquida. De esta manera, la maldad líquida ha logrado ocultarse en el tejido de la convivencia humana. Ahora es algo rutinario presente en todas nuestras vidas. Como consecuencia de esta normalización se acentúa una especial dificultad a la hora de la detección de la misma.

Esta interiorización del mal produce una amalgama de efectos nocivos dentro de nuestra sociedad pudiéndose dar el surgimiento de pensamientos y movimientos extremistas radicales. Ante tal surgimiento estamos observando una deficiencia de herramientas para poder detectar y combatir esta polarización social.

La banalidad del mal

De la naturalización de la violencia pasamos a otro concepto conocido como la banalidad del mal. Dicho concepto se trata de uno de los pensamientos filosóficos fundamentales dentro del siglo XX. El mismo sería introducido por Hannah Arendt. Esta autora se trató de una filósofa judía que vivió el nazismo en sus propias carnes. La misma analizaría desde un punto de vista crítico y reflexivo cómo fue posible que una sociedad avanzada y culta como la alemana pudiera llevar a cabo tales atrocidades contra el pueblo judío.

Las conclusiones del estudio brindaron unos resultados asombrosos. Se descubrió  que absolutamente cualquier persona puede ser responsable de los crímenes más terribles. Pero ¿Cómo es esto posible? ¿No existe por tanto una insoslayable vinculación entre una personalidad criminógena y la producción de atrocidades?

Hannah Arendt, a través del estudio de la personalidad de Adolf Eichmann, sujeto encargado de la operatividad y la logística del genocidio judío llegaría a la conclusión de que lo único que hay que hacer para que surja el mal es dejar de pensar[6].

Por ende, esta noción de banalidad del mal hace referencia a una clara ausencia de pensamiento crítico y a la irreflexión[7]. La banalidad del mal produce una clara cosificación del ser humano, posicionándolo como un mero medio para un fin. En términos generales lo que se produce es una clara devaluación del bien jurídico más importante, el de la vida humana.

El experimento de Milgram 

Una vez analizados los conceptos de globalización de la indiferencia y de normalización de la maldad también es importante hacer alusión al experimento psicosocial realizado por el científico Stanley Milgram. En dicho experimento nos encontrábamos con dos grupos. Unos actuaban como alumnos y otros como maestros.  Los que simulaban ser alumnos estaban conectados a unos electrodos. El maestro debía dar a conocer un par de palabras al alumno y este acertar para evitar la descarga eléctrica[8]. Todo ello delante de un instructor que era el que daba indicaciones al maestro.

Por norma general, en los maestros se observó una gran incomodidad cuando progresivamente estos debían de ir subiendo los voltios de las descargas hacia sus alumnos. Pese a ello, las conclusiones del experimento plasmaron que el 75% de los maestros aplicaron descargas hasta los 300 voltios, llegando un 26 % de este porcentaje a aplicar inclusive el máximo de 450 establecidos.

La conclusión que se dedujo es que el 75% de los sujetos que actuaban como maestros guiados por los instructores llegaron hasta el final. Los maestros, por tanto, obviaron que algunos alumnos sufrieran problemas cardíacos en el experimento[9]. De este modo se observó como se anteponía el respeto a las órdenes superiores por parte de los maestros a la salud del alumnado.

Conclusiones de ambos experimentos

Relacionando el experimento de Arendt con el de Milgram podríamos llegar a la sencilla conclusión de que en ocasiones las atrocidades son explicadas no solo por la ausencia de pensamiento crítico, sino también por la existencia de una obediencia ciega.  En cierta manera, ambos experimentos nos explican que no se tiene porqué tener una maldad criminógena de carácter endógena o exógena para llevar a cabo actuaciones malignas.

Por otro lado, también es interesante analizar el papel que ejercen los medios de comunicación en torno a las anteriores reflexiones. Y es que, los mass media pueden influir en la sociedad moldeando nuestra manera de pensar e inclusive de actuar. La indiferencia social ante los atentados que se dan fuera de Europa son un síntoma evidente de la escasa difusión debido a su agenda mediática. A todo ello se le podría sumar la ya de por sí distorsión de la realidad que llevan a cabo los medios en cuanto a la amenaza yihadista en España se refiere[10].

Para concluir el presente estudio sería interesante plantear dos últimas cuestiones totalmente abiertas en torno al análisis efectuado:

1. ¿Estas prácticas de los medios de comunicación sirven para evitar la alarma social proveniente de estos países tercermundistas, siendo un acierto? ¿O se trata simplemente de una indiferencia globalizada?

2. ¿Qué repercusión tienen los atentados cometidos en Occidente en los medios Orientales? ¿se llevan a cabo las mismas prácticas?

Conclusión:

Durante el presente estudio hemos presentado una serie de variables y de teorías que pueden explicar el surgimiento de movimientos de corte radical como, por ejemplo, la globalización de la indiferencia. Por otro lado, la normalización o banalización del mal permite que desde un prisma social no se señalen determinadas conductas como negativas lo cual genera un ecosistema perfecto para el potenciamiento de los radicalismos. Los medios de comunicación son grandes responsables de la indiferencia social hacia atentados terroristas que se dan fuera de Europa, pese a que como hemos subrayado anteriormente, estos poseen una igual o una mayor magnitud que los que se produjeron, por ejemplo, en París.

Como bien ha expresado el Papa Francisco, dicha indiferencia ha de ser señalada para tratar de combatirla ya que solo a través de la empatía y de la solidaridad podremos intentar acabar con un problema que tiene unas dimensiones internacionales, el del terrorismo.

Bibliografía: 

  1. Desafiar a la globalización de la indiferencia. Papa Francisco. En: https://omp.es/ (en línea), 2018. (consulta: 1 de julio de 2021). Disponible en: https://cutt.ly/RmB66Xg
  2. LA VOZ DE GALICIA. El mundo grita «Je suis Paris» En: Lavozdegalicia.es (en línea) (A Coruña): 2015. (consulta: 3 de julio de 2021) Disponible en: https://cutt.ly/FmNqPOf
  3. IGUALADA, Carlos. Observatorio de atentados yihadistas en noviembre de 2017 (2017) En: Observatorioterrorismo.com (en línea) (consulta: 3 de julio de 2021) Disponible en: https://cutt.ly/bmNeyAB
  4. MALDUGURUL. Un grupo armado asesina a más de cien agricultores en Nigeria. En: Elpais.com (en línea) (Madrid): 2020. (consulta: 4 de julio de 2021) Disponible en: https://cutt.ly/4mNeRKy
  5. LAVANGUARDIA. Elevan a 85 los muertos en el atentado contra una escuela femenina en Kabul. En: Lavanguardia.com (en línea) (Barcelona): 2021. (consulta: 6 de julio de 2021) Disponible en: https://cutt.ly/TmNe4qG
  6. La banalidad del mal de Hannah Arendt. En: Youtube.com (en línea), 2018. (consulta: 7 de julio de 2021) Disponible en: https://cutt.ly/6mNrJ6o
  7. BRAVO LÓPEZ, Dayan. Ratio Juris. (en línea) vol. 12, núm. 24 pp. 111-125 (consulta: 8 de julio de 2021) ISSN: 1794-6638 Disponible en: https://cutt.ly/zmNtkrg
  8. MICÓ FAUS, Jacobo. El político y el delito. (Actualizado en 2021) En: Sec2crime.com (en línea) (consulta: 10 de julio de 2021) Disponible en: https://cutt.ly/CmNtLiG
  9. ÍDEM ANTERIOR.
  10. GÓMEZ LÓPEZ, Sandra, MENDIETA DÍAZ, Gorane y Jacobo, Micó Faus. Tendencias online de la propaganda yihadista. Análisis del caso español. (2021) En: http://www.ieee.es/ (en línea) (consulta: 15 de julio de 2021) Disponible en: https://cutt.ly/sm1jKBR