El supremacismo blanco en Estados Unidos: Una amenaza infravalorada

El supremacismo blanco en Estados Unidos: Una amenaza infravalorada

Resumen

Con los atentados a las Torres Gemelas el 11 de septiembre de 2001 se produjo un cambio de paradigma en la estrategia y la perspectiva contra el terrorismo por parte de las agencias de inteligencia, las fuerzas de seguridad y las fuerzas de la ley. Desde entonces, los esfuerzos se han centrado en su mayoría, a abordar la amenaza del yihadismo. No obstante, a raíz de los últimos acontecimientos, siendo ejemplar el  asalto al Capitolio de los Estados Unidos (2021), ha quedado al descubierto el impacto de este desequilibrio y la insuficiente preparación para responder con eficacia ante atentados terrorista y acciones violentas por parte del extremismo violento doméstico.

Palabras clave: Supremacismo blanco, Donald Trump, Terrorismo doméstico, Estados Unidos

El legado histórico

La creencia en la supremacía blanca y el racismo son inseparables de la fundación de los Estados Unidos, pues a lo largo de la historia del país han gozado de permisibilidad y soporte político y legal [1]. La esclavitud de personas negras fue una práctica, aunque intrínsecamente violenta, habitual, legal y legitimada en el siglo XIX. A su abolición legal, no sin una reacción impetuosa por parte de los movimientos antiabolicionistas, le siguieron las leyes de segregación racial de Jim Crow (1877 – 1964) y otras leyes discriminatorias que privaban de derechos y libertades, las cuales no afectaban únicamente a la comunidad negra, como fue la Chinese Exclusion Act. Este marco legal de discriminación racial se complementó con un proceso de criminalización y deshumanización hacia estos colectivos, pero en especial hacia la población negra. Con la posterior firma del Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos y el fin de la segregación racial, el supremacismo blanco permaneció enraizado en varios sectores de la sociedad norteamericana y grupos de extrema derecha.

No obstante, el peligro que suponía el supremacismo blanco quedó eclipsado, una vez más, por la entrada en acción del terrorismo yihadista, especialmente en década de los 90 con el atentado fallido en el World Trade Center (1993), el doble atentado en las embajadas norteamericanas de Nairobi y en Dar es Salaam (ambos en 1998) o el atentado contra el USS Cole (2000) en el puerto de Adén (Yemen). Y habidas cuentas del 11-S, la emergencia de la amenaza yihadista fue declarada de máxima prioridad, a pesar de que Estados Unidos sufría a la par una nueva oleada de atentados vinculados al supremacismo blanco como el asedio de Ruby Ridge (1992) o el atentado de Oklahoma City (1995). Como consecuencia, el interés por el terrorismo doméstico mermó significativamente. Ya en 2005 el Departamento de Seguridad Nacional disponía apenas de recursos destinados a la investigación [2] y al análisis de amenazas terroristas no yihadistas [3], aunque se hacía evidente tanto la persistencia como el aumento del número de ataques y complots perpetrados por la extrema derecha y el supremacismo blanco en el interior del país [4]. En lo sucesivo, la sociedad norteamericana ha sido testigo de cuantiosos ataques [5] perpetrados por personas o grupos afines al supremacismo como el tiroteo en la Iglesia de Charleston (2015), el tiroteo de la Sinagoga de Pittsburgh (2018) y tiroteo de El Paso (2019). Eventualmente en 2019, ante tales evidencias, el Departamento de Seguridad Nacional de Estados Unidos anunció que el supremacismo blanco se posicionaba como la amenaza principal y más letal a la que se enfrenta el país [6].

El supremacismo blanco en un ángulo muerto

Hay un debate abierto sobre las razones de esta tardía reorientación de la atención y de los esfuerzos para contrarrestar las principales amenazas del país. Un par de años atrás, el Departamento de Justicia confesó que las autoridades tanto estatales como locales han sido más bien negligentes en reportar delitos de odios y ataques protagonizados por supremacistas y nacionalistas blancos [7]. Hay quienes han resaltado la infiltración de supremacistas blancos entre las fuerzas de seguridad y de la ley [8]. Otros han remarcado la falta de ímpetu político, especialmente durante la presidencia de Donald Trump y la escasez de herramientas y de coordinación entre los diferentes niveles administrativos, agravado por la falta de una definición universal de terrorismo [9]. Y aunque es cierto que la sección 802 de la USA PATRIOT ACT recoge una definición de terrorismo doméstico, esta ley junto al resto de leyes contra el terrorismo internacional adoptadas tras el 11-S, están focalizadas a afrontar unas circunstancias determinadas. Por eso, no pueden ser un modelo para responder a la violencia política interna, pues la violencia motivada por el supremacismo parte de una coyuntura histórica y política  distinta [10]. Además, pese a que las leyes antiterroristas de los estados establecen un delito sustantivo para el terrorismo doméstico, no existe una ley federal para esta tipología de terrorismo y por lo tanto, no hay un delito federal.

No obstante, es también evidente la distorsión de la categoría terrorismo, ya que hay una tendencia a evitar calificar como terrorismo la violencia cometida por el extremismo de derechas del país. Por lo general, el gobierno estadounidense preferentemente utiliza el término extremismo violento doméstico (DVE por sus siglas en inglés). En consecuencia el acento está en el concepto violencia, que recae en la categoría de delito común, como asalto, secuestro, o asesinato, para lo cual ya existen leyes penales [11].

En este escenario laxo, hay otra dificultad añadida: los actores individuales (erróneamente conocidos como lobos solitarios), los grupos informales y la violencia descoordinada (Leaderless resistance), una práctica más difícil de atajar y que se ha vuelto cada vez más habitual, en parte debido a la hiperconectividad que ofrece internet. 

La invisibilización del supremacismo blanco también es el resultado de la construcción de la imagen del terrorista casi exclusivamente como la de una persona extranjera y lejana, esencialmente árabe y/o musulmana. La propaganda y los medios de comunicación han reforzado esta errónea percepción a través de una conceptualización, en ocasiones estereotipada y sesgada y una cobertura mediática desproporcionada de sucesos específicos, como pone de manifiesto un estudio que señaló que los ataques terroristas de etiología yihadista habían recibido, en promedio, un 357% más de cobertura mediática que otros ataques [12]. Si bien es cierto, que originalmente la extensa cobertura mediática respondía al impactante atentado, sin precedentes en el país, del 11-S, y a la posterior Guerra contra el Terrorismo.

En suma, como consecuencia de estas deficiencias, las políticas e iniciativas antiterroristas e incluso las medidas de prevención y detección del extremismo violento de derechas resultan ser ineficientes e insuficientes.

Donald Trump: "Make America Great Again"

La irrupción en el escenario político de Donald Trump es clave para comprender el clima de fanatismo actual en EUA. Ya desde el inicio de la campaña electoral de 2016, D. Trump se ha caracterizado por el uso de una retórica agresiva y dicotómica, cuyos objetivos eran (y son) colectivos étnicos y religiosos, los medios de comunicación, incluidos periodistas, y políticos, en su mayoría de la oposición. Un discurso con el que se han identificado, en especial, personas afines y vinculadas al supremacismo y al nacionalismo blanco así como de grupos ideologías de extrema derecha, de ultraderecha, de la alt-right y la alt-lite.

La sociedad, en general, también se ha hecho eco de esta narrativa odiosa y estigmatizadora, que en voz del ahora expresidente queda legitimada e incluso normalizada, como puso de manifiesto Race in America 2019. El informe expuso que el 65% de los americanos consideran que en la actualidad es más común la manifestación de opiniones y posturas racistas. En especial, más de cuatros de cada diez personas norteamericanas, sostienen que estas expresiones se han vuelto más tolerables [13] . Incluso varios informes y estudios han constatado una correlación entre D. Trump  y el aumento de violencia y crímenes de odio [14]  contra minorías y colectivos. “La violencia lingüística ejercida por el poder es particularmente peligrosa” [15] y es ilustrativo su discurso “Save America” , que alentó al asalto al Capitolio.

Durante su mandato, Donald Trump, cuyo jefe de estrategia y alto consejero fue el conocido supremacista Steve Banon, ha relativizado el potencial peligro del supremacismo blanco a pesar de las advertencias. Contrariamente a los datos y evidencias [16], Trump ha exagerado la amenaza de grupos y movimientos ideológicamente opuestos como el movimiento Black Lives Matter o ANTIFA, al que Trump quería calificar como organización terrorista. Su falta de interés, también, quedó evidenciada por los recortes de los fondos para prevenir y combatir el terrorismo doméstico [17] o su propósito para renovar el programa “Countering Violent Extremism” bajo el nombre de “Countering Islamic Extremism” [18]. En definitiva, cambios que reflejaron que contrarrestar el supremacismo blanco no entraba en su agenda. Asimismo, ha demostrado tener cierta proximidad con grupos supremacistas como los Proud Boys, a quienes en vez de condenar en su momento, los alentó a “retroceder y esperar” (“stand back and stand by”, frase que ha pasado a ser parte del logotipo del grupo) [19]. De hecho, los supremacistas blancos aplaudieron la victoria electoral de D. Trump y verbalizaron en repetidas ocasiones, su satisfacción y alegría. Andrew Aglin, conocido neonazi y supremacista blanco editor de The Daily Stormer (sitio web), declaró la era de Trump, “la era de la venganza”. En palabras de Mark Potok, experto en la derecha radical, “la candidatura de Trump electrificó a la derecha radical, que vio en él un defensor de la idea de que Estados Unidos es fundamentalmente un país de hombres blancos” [20].

Joe Biden: ¿Un nuevo enfoque?

Tras el asalto al Capitolio de los Estados Unidos, afloró de nuevo el debate sobre cómo poner freno a la oleada de extremismo violento doméstico, en especial al supremacismo blanco. Sin embargo, el asunto es espinoso por razones políticas, legislativas y culturales y es quizá  el mayor desafío legal —y políticamente, la empresa más delicada— que esta nación se ha enfrentado desde la Guerra Civil [21].

Aun así, poco después de tomar el cargo, Joe Biden ha dibujado un escenario más esperanzador para abordar el supremacismo blanco y hasta la fecha, ha demostrado un compromiso y una intención firme para socavarlo. Por un lado, tomando nuevas medidas e iniciativas para combatir el terrorismo doméstico y el supremacismo blanco, entre las que cabe destacar el hecho de que prometiera trabajar para la aprobación una nueva ley para afrontar el terrorismo doméstico e incrementar el presupuesto destinado a atender la emergencia del supremacismo blanco [22]. Además, a diferencia del expresidente D. Trump, J. Biden no ha titubeado en reconocer públicamente el supremacismo blanco como la mayor y más letal amenaza con la que tiene que lidiar en el país [23] y ha calificado el asalto al Capitolio como terrorismo doméstico [24].

Por otro lado, también ha evidenciado su intención de desdibujar las divisiones y tensiones raciales y la eliminación de la discriminación racial, una labor necesario para prevenir el odio, la discriminación y la violencia motivada por razones de raza, etnia y religión.

Principales organizaciones supremacistas

En la actualidad el supremacismo blanco es un fenómeno complejo que subyace en numerosos grupos, organizaciones y pandillas con ideologías extremistas similares, como ilustra la siguiente tabla. Su principal nexo común es la voluntad de salvaguardad la “pureza racial” y la superioridad de las personas blancas. En su mayoría son de naturaleza violenta y agresiva. En varias ocasiones miembros vinculados a estas organizaciones han sido detenidos, juzgados o condenados por diferentes delitos y crímenes, con frecuencia motivados ideológicamente, como acoso, robos, actos vandálicos, agresiones, asesinatos, conspiración para cometer atentados o fabricación de explosivos. Y a pesar de que en el país coexisten centenares de organizaciones extremistas supremacistas cuyas características coincidirían con la de definición de organización terrorista, no existe una lista de grupos terroristas domésticos como si es el caso de las organizaciones terroristas extranjeras. El motivo de su ausencia subyace en la falta de una ley común e indivisa sobre el terrorismo interior.

Laura Illa Vidal

Master en prevención de la radicalización

Bibliografía

[1] Chase Sanchez, J. (2018). Trump, the KKK, and the Versatility of White Supremacy Rhetoric. Journal of Contemporary Rhetoric, Vol. 8, No.1/2, pp. 44-56

[2] Stevenson, J. (2019). Right-wing Extremism and the Terrorist Threat. Survival, 61(1), 233–244.

[3] Pilkington, E. (19 de octubre de 2020). ‘It is serious and intense’: white supremacist domestic terror threat looms large in US. The Guardian. Recuperado en: https://www.theguardian.com/us-news/2020/oct/19/white-supremacist-domestic-terror-threat-looms-large-in-us

[4] Jones, S. Doxsee, C. Hwang, G, James, S. Harrington, N. (22 de octubre de 2020). The War Comes Home: The Evolution of Domestic Terrorism in the United States. Center for strategic & International Studies. Recuperado en: https://www.csis.org/analysis/war-comes-home-evolution-domestic-terrorism-united-states

[5] Sands, G. (20 de septiembre de 2020). Homeland Security counterterrorism strategy focuses on white supremacy threat. CNN. Recuperado en: https://edition.cnn.com/2019/09/20/politics/dhs-counterterrorism-strategy/index.html

[6] U.S. Department of Homeland Securit. (2020). Homeland Threat Assessment. October 2020. Recuperado en: https://www.dhs.gov/sites/default/files/publications/2020_10_06_homeland-threat-assessment.pdf

[7] Ídem 2.

[8] Jones, S. Doxsee, C. Hwang, G. Thompson, J. (12 de abril de 2021). The Military, Police, and the Rise of Terrorism in the United States. Center for strategic & International Studies. Recuperado en: https://www.csis.org/analysis/military-police-and-rise-terrorism-united-states

[9] García-Fraile Hernández, M.A. (16 de diciembre de 2020). Terrorismo y resistencia. Revisando la terminología. Sec2Crime. Recuperado en: https://www.sec2crime.com/2020/12/16/la-falta-de-consenso-internacional-dificulta-la-comprension-del-terrorismo/

[10] Michael Jenkins, B. (24 de febrero de 2021). Five Reasons to Be Wary of a New Domestic Terrorism Law. RAND Corporation. Recuperado en: rand.org/blog/2021/02/five-reasons-to-be-wary-of-a-new-domestic-terrorism.html

[11] Michael Jenkins, B. (2021). The Collapse of Comity. Perilous Times in the Third Turbulent Century of Our Political Experiment. RAND Corporation, CT-A1175-1. Recuperado en: https://www.rand.org/pubs/testimonies/CTA1175-1.html

[12] Koehler, D. (2019). Violence and Terrorism from the FarRight: Policy Options to Counter an Elusive Threat. International Centre for Counter-Terrorism. Recuperado en: http://www.jstor.com/stable/resrep19617

[13] Menasche Horowitz, J. Brown, A. Cox, K. (9 de abril de 2019). Race in America 2019. Pew Research Center. Recuperado en: https://www.pewresearch.org/social-trends/2019/04/09/race-in-america-2019/

[14] Williamson, V. Gelfand, I. (14 de agosto de 2019). Trump and racism: What do the data say?. Brookings. Recuperado en: https://www.brookings.edu/blog/fixgov/2019/08/14/trump-and-racism-what-do-the-data-say/

[15] Nacos, B. Shapiro, R. Bolch-Elkon Y. (2020). Donald Trump: Aggressive Rhetoric and Political Violence. Perspectives on Terrorism, Volume 14, Issue 5

[16] Jones, S. Doxsee, C. Harrington, N. The Escalating Terrorism Problem in the United States. Center for Strategic & International Studies. Recuperado en: https://www.csis.org/analysis/escalating-terrorism-problem-united-states

[17] Guo, W. (2020). Fighting white supremacy in the United States. Harvard Model Congress, Boston 2020. Recuperado en: https://static1.squarespace.com/static/5cb7e5637d0c9145fa68863e/t/5dddc04f51c72e2c5ec46a28/1574813776329/House_Homeland_Security_3.pdf

[18] Edwards Ainsley, J. Volz D. Cooke, K. (3 de febrero de 2017). Exclusive: Trump to focus counter-extremism program solely on Islam – sources. Reuters. Recuperado en: https://www.reuters.com/article/us-usa-trump-extremists-program-exclusiv-idUSKBN15G5VO

[19] Hesson, T. Cooke, K. (30 de septiembre de 2020). Explainer: President Trump asked the Proud Boys to ‘stand by.’ Who are they? Reuters. Recuperado en: https://www.reuters.com/article/us-usa-election-extremists-explainer-idUSKBN26L3Q1

[20] Ídem 1.

[21] Ídem 9.

[22] Bertrand, N. Cohen, Z. (4 de mayo de 2021). Biden’s plan to fight domestic terror will mark shift from Trump. CNN. Recuperado en: https://edition.cnn.com/2021/05/04/politics/white-house-domestic-terror-strategy/index.html

[23] Brown M. (s.d). ‘White supremacy is terrorism’: Biden urges vigilance against home-grown violence after Jan. 6 attack. USA Today News. Recuperado en: https://eu.usatoday.com/story/news/politics/2021/04/28/biden-calls-white-supremacy-terrorism-speech-congress/4884034001/

[24] Thomas, K. Sidiqui, S. (7 de enero de 2021). Biden Says Rioters Who Stormed Capitol Were Domestic Terrorists. The Wall Street Journal. Recuperado en: https://www-wsj-com.sire.ub.edu/articles/biden-says-mob-that-stormed-capitol-were-domestic-terrorists-11610046962

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