Entendiendo la violencia yihadista

Entendiendo la violencia yihadista

Resumen

¿En que consiste la violencia yihadista? ¿Qué relación guarda con el “conflicto”? ¿Se considera esta un tipo de “agresión”? La presente pieza de estudio plantea nuevos enfoques acerca de lo que se entiende por “violencia yihadista” desde una perspectiva psicosocial. Así pues, se niega la posible existencia de una “violencia yihadista nihilista” o ultraviolencia.

Por otro lado, el auto-esteriotipado y el autoanclaje explican en qué medida se puede calificar la violencia yihadista de “violencia intergrupal”, independientemente de que esta sea cometida por un terrorista autónomo. ¿Cuáles es su origen? ¿Se trata de un aprendizaje cultural o social? Siga leyendo.

pALABRAS CLAVE

Violencia, Agresión, Conflicto, Yihadista, Intergrupal, Social y Cultural.

¿Qué es la violencia yihadista?

Este es el contenido del anverso.

Violencia, agresión y conflicto son términos que se suelen utilizar de manera intercambiable. Debido a esto, el conflicto es una acción que deriva de una incompatibilidad de objetivos, metas o intereses de los partícipes de este. El conflicto en sí es el resultado conductual de un individuo que utiliza protestas, represalias o una oposición mediante sus actuaciones con el fin de alcanzar sus intereses frente a los de otro.

Este es el contenido del reverso.

El conflicto puede ser constructivo o destructivo.[1] De este modo es importante destacar que el conflicto no está ligado necesariamente a la agresión.[2] Los conflictos denotan una connotación positiva debido a la posibilidad que otorgan de enriquecer las relaciones sin necesidad de establecer vencedores ni vencidos.

A diferencia del conflicto, la agresión tiene como objetivo dañar. La psicología social entiende por agresión aquel conjunto de conductas que sin provocación previa buscan generar un daño, indiferentemente de sus intereses, metas u objetivos.

De este modo las agresiones por ende revelan una visión negativa y destructiva.[3] En un caso típico de agresión se dan tres características: intención de causar daño, provocar un daño real y la existencia de una alteración del estado emocional del sujeto.

Existen tres tipos de agresión: en primer lugar, la agresión colérica fruto de una provocación previa que tendría como objetivo generar un daño, en segundo lugar, la instrumental la cual no tiene como objetivo dañar (pero existe la posibilidad de contemplarla como un “mal menor”[4] necesario) y estaría orientada a utilizar la misma en beneficio propio con el fin de defenderse o aventajarse. Y por último la agresión social, la cual tiene como objetivo dañar la autoestima, relaciones o estatus de una persona.

De este modo, existe una clara diferencia entre agresión y conflicto, el conflicto utiliza la violencia como medio y la agresión como un fin en sí misma (con matices respecto a la instrumental). Sin embargo, no existe diferencia alguna entre lo que se entiende por agresión y violencia ya que ambas tienen como finalidad dañar. Del mismo modo, algunas definiciones contemplan la violencia como un tipo de agresión.

La definición más empleada hoy en día es la otorgada por la UNESCO: “todo cuanto se encamine a conseguir algo mediante el empleo de una fuerza, a menudo física, que anula la voluntad del otro” concepto que la aproxima más al conflicto. Desde una perspectiva psicológica y social se entiende por violencia “aquellas conductas con tendencia hostil o destructiva” lo que la aleja del conflicto y la acerca a la agresión.[5]

Como podemos comprobar existe una disparidad de ideas acerca de la violencia yihadista ¿Es un terminó cercano al conflicto o guarda mayor relación con la agresión? Lo cierto es que esta violencia es un producto de ambas. En primer lugar, lo es de conflicto porque es utilizada como un medio para alcanzar unos fines, cosa que no sucede en los casos de violencia nihilista donde en un fin en sí misma.[6] Y seguidamente, lo es de la agresión por su connotación negativa y destructiva. De este modo podemos definir la violencia yihadista como una modalidad de violencia que se emplea en contextos dónde existe un conflicto de intereses y tiene una finalidad destructiva.

En la actualidad se ha abierto un nuevo debate acerca de la violencia yihadista. De hecho, existen quienes defienden el concepto de violencia nihilista yihadista (ultraviolencia)[7] como un fin en contraposición a los que la definen como un medio (violencia instrumental). Hablar de violencia yihadista como fin sería asociar esta violencia al nihilismo y por ende supondría asumir la “no” existencia de un conflicto (en este caso de valores).

Las sociedades actuales contemplan dos modalidades de violencia; la normal, concebida como residual y la ultraviolencia (nihilista). Es más, la ultraviolencia se caracteriza en que lejos de ser un instrumento se convierte en un fin en sí mismo.

En cuanto a la violencia yihadista resulta evidente que se trata de una violencia instrumental o residual. Los deseos de alteración de un orden para sustituirlo por otro acompañada de una ética moral justificada por unos valores legitimizadores tienen una finalidad clara que legitimiza su uso. Federico Aznar ejemplifica muy bien el concepto de violencia yihadista cuando comenta:” la violencia es un suplemento de los conflictos, no su esencia.”[8]. Por lo que en el caso del yihadismo el nihilismo es inconcebible ya que su arraigo a determinados valores impide dicha connotación. En todo caso, sería en la sociedad occidental donde adquiriría dicho matiz lo que tampoco es coherente al proceso de transvaloración actual en el que nos encontramos.[9]

Tipos de Violencia: ¿Interindividual o intergrupal?

Existen dos tipos de violencia, la interindividual y la intergrupal.[10] Un ejemplo práctico de esta última sería la originada entre dos grupos rivales (endogrupo vs exogrupo) como podrían ser diferentes pandillas y en cuanto a la interindividual la originada entre dos individuos aislados de un grupo.

Sin embargo, existen propuestas que hablan de actos tales como la agresión de un grupo a un individuo o la de un individuo a un grupo. Claros ejemplos de ello los encontraríamos en el terrorismo yihadista donde puede producirse tanto la actuación de un autor individual frente a un grupo o la de un grupo terrorista frente a una autoridad social relevante. Ambas acciones dentro de la psicología social se encontrarían enmarcada en violencia intergrupal.

La primera porque a pesar de ser un individuo concreto pertenece a un grupo y la segunda por que dicha autoridad se mostraría como figura representativa de otro colectivo.[11] Por lo tanto la violencia yihadista es un tipo de violencia intergrupal que presenta diferentes variables.

Estudios focalizados en las “Superposiciones de representaciones mentales de uno mismo” han demostrado el modo en el que uno mismo se define en términos de su grupo. Existen dos formas de que uno se vea representado por el grupo, el auto-esteriotipado y el autoanclaje.[12] En el primero se producen inferencias del grupo al yo, (sentimiento de pertenencia) mientras que el en segundo ocurre lo contrario, existen más inferencias de uno mismo al grupo (inspiración). Por ello, indiferentemente de cómo se cree el vínculo entre el yo y el endogrupo, existe una correlación que une al yihadista con este, y del mismo modo a la víctima con la sociedad a la que pertenece o se inspira (exogrupo).

Origen y transmisión de la violencia.

Desde una perspectiva psicológica la violencia se originaria a causa de antecedentes situacionales, motivacionales o socio-motivacionales. Entre los antecedentes situacionales diferenciaríamos entre: los causados por una agresión o los producidos por estímulos físicos o ambientales. Asimismo, En relación con los motivacionales o socio motivacionales podemos distinguir entre: los de fustración-agresión, los emocionales (colera e ira), los ataques interpersonales o provocaciones, los de sentimiento de rechazo, o los relacionados con la violación de normas.[13]

Por otro lado, en cuanto a su transmisión podemos distinguir entre “el aprendizaje social” “aprendizaje cultural”.

El aprendizaje social es un modelo conductual por el cual el individuo se desarrolla siendo la agresividad una de sus posibles manifestaciones. Es relevante matizar la importancia del modelo para el observador, así como lo relativo a refuerzos que esta conducta puede conllevar.[14]

Sin embargo, el aprendizaje cultural está ligado a los valores y normas de una sociedad determinada. Debido a ello en numerosas ocasiones un análisis de normativo y de valores culturales sirve como un predictor veraz de la violencia.[15]

En consecuencia, es por esto por lo que los valores del islam interpretados de manera extrema originan violencia. La violencia yihadista se desarrolla bajo un aprendizaje cultural,[16] el cual no sería posible sin los mecanismos de socialización desde donde se traspasan,[17]  por lo que el aprendizaje social actuaría a su vez como medio necesario para la adopción de conductas violentas.[18]

De este modo podríamos afirmar que el origen de la violencia yihadista radicaría en antecedentes socio-motivacionales y se transmitiría debido a la sinergia existente entre el aprendizaje cultural y social.

REFERENCIAS

[1] Los conflictos, en muchas ocasiones, pueden propiciar cambios positivos. Para ello es necesario que se gestionen correctamente. Es importante entender que hacer un diagnóstico correcto del conflicto va a determinar el éxito en la resolución de las distintas problemáticas. Si abordamos un conflicto de tipo intergrupal o interindividual como si fuese un conflicto intraindividual, las posibilidades de éxito pueden ser escasas.

[2] Gaviria, E. (2006). Conflicto y estrategias de solución. En Á. Gómez; E. Gaviria, e I Fernández, Psicología Social, (pp. 449-4498). Madrid. Sanz y Torres.

[3] Morales, J. F. y Arias, A. V. (1999). Agresión. En J. F. Morales y C. Huici (Coords.). Psicología Social (pp. 119-130). Madrid. McGraw-Hill.

[4] La Doctrina del Mal Menor define como moralmente válida la elección de la opción que genera un daño en un entorno en el cual no es posible garantizar la beneficencia y se está obligado a actuar. De este modo se reconoce la opción con mal menor como el mayor bien posible.

[5]Morales, J. F. y Moya, M. C. (1994). Agresión. En J. F. Morales, M. C. Moya, E .Rebolloso, J. M. Fernández-Dols, C. Huici, J. Marques, D. Páez y J. A. Pérez (Coords), Psicología Social (pp. 465-491). Madrid. McGraw-Hill.

[6] Cañete, P (2017). “El yihadismo como expresión de la violencia”.Revista del Instituto Español de Estudios Estratégicos. , núm.10. pp. 125-132.

[7] Junto a la visión nihilista del yihadismo de Pablo Cañete, aparecen académicos como Crístobal Ortiz, Isaac Caro La yihad sunita del Estado Islámico y Al-Qaeda: islamismo, antiimperialismo… ¿y nihilismo político-mesiánico? Que se postulan en la misma dirección.

[8]Aznar Fernández Montesinos, F.(2014)  “Reflexiones y debates sobre violencia organizada y economía”. Documento de análisis, Instituto Español de Estudios Estratégicos, Consultado:02/03/2020)

[9] La transvaloración de todos los valores, concebida ésta como inversión de los valores supremos.

[10] Schubert, T., y Otten, S. (2002). Overlap of self, ingroup, and outgroup: Pictorial measures of self-categorization. Self & Identity, 1, 535-576.

[11] Lo que se explicaría el concepto de “agencia personal” en la Teoría de la fusión de identidad.

[12] Otten S, Epstude K. Representaciones mentales superpuestas de uno mismo, dentro del grupo y fuera del     grupo: Desentrañar el autoestereotipo y el autoanclaje. Boletín de Personalidad y Psicología Social . 2006; 32 (7): 957-969. doi: 10.1177 / 0146167206287254

[13] Toda esta clasificación la podemos encontrar en: (Arias y Gaviria, 2006; Páez y Ubillos, 2004), donde se analiza a fondo cada una de las tipologías.

[14] López-Zafra, E. (2006). El componente cultural de la violencia. En Morales, J. F., Moya, M. C., Gaviria, E. y Cuadrado, I. (Coords). Psicología Social, (pp. 441- 454). Madrid. McGraw-Hill.

[15] Arias, A. V. y Gaviria, E. (2006). La psicología social de la agresión. Aportaciones teóricas y empíricas para la aportación psicopedagógica. En Á. Gómez; E. Gaviria, e I. Fernández, Psicología Social, (pp. 393-446). Madrid. Sanz y Torres.

[16] El islam es religión, política y cultura.

[17] La radicalización se produce en mayor medida a nivel meso. Para más información revisar: Javier, J. (30 de marzo de 2009). Procesos de radicalización yihadista en España. Análisis sociopolítico en tres niveles. Revista de psicología social. Recuperado de: https://www.ugr.es/~jjordan/publicaciones/radicalizacion.pdf

[18] Javier, J. (30 de marzo de 2009). Procesos de radicalización yihadista en España…op.cit.,

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