LA REPRESIÓN FRANQUISTA COMO TERRORISMO DE ESTADO

LA REPRESIÓN FRANQUISTA COMO TERRORISMO DE ESTADO

LA REPRESIÓN FRANQUISTA COMO TERRORISMO DE ESTADO

¿Quién era terrorista en el franquismo?
RESUMEN – ARTÍCULO DE OPINIÓN

Conceptualmente, diferentes estudios han analizado el periodo de posguerra en España calificando la acción del régimen franquista de diferente forma. Algunos autores califican tales hechos como terrorismo de estado, persecución étnica e incluso genocidio respecto al bando perdedor de la Guerra Civil. 

Sin embargo, otros estudios señalan que los procesos judiciales de posguerra se desarrollaron mediante tribunales de guerra y juicios con garantías suficientes para los enjuiciados. 

En este estudio se plasman diferentes puntos de vista académicos y se establecen algunas conclusiones en relación a si la acción del régimen franquista, en el periodo de estudio, puede ser considerada terrorismo de estado.

PALABRAS CLAVE

Represión, franquismo, campos de recluidos, exilio, posguerra, terrorismo de estado.

Contexto HISTÓRICO PRECEDENTE

El presente estudio se centra en el periodo cronológico comprendido entre abril de 1939 y mayo de 1943. Esta franja temporal comprende la fascistización del régimen franquista en España, en un periodo que abarca desde el término del conflicto bélico español hasta la constatación de que las potencias europeas del Eje estaban perdiendo la guerra en Europa.

La represión franquista no fue una reacción a la violencia que ejerció la República ni una operación de castigo contra quienes habían cometido delitos de sangre. La represión fue una estrategia que había sido fijada antes del 17 de julio de 1936 y que se desencadenó a partir de ese mismo momento. 

Las directrices que se marcaron por parte de la dirección militar del ejército sublevado fueron contundentes: no se permitiría disidencia alguna. 

Se había de eliminar cualquier elemento comunista, anarquista, sindicalista o masónico. Tres meses antes de la sublevación la estrategia y los objetivos eran claros: eliminar a cualquier militar que no se adhiriera a la causa sublevada y a cualquier izquierdista declarado.1

Las palabras del propio Franco en enero de 1937 disipaban cualquier duda:

En una guerra civil, es preferible una ocupación sistemática del territorio, acompañada por una limpieza necesaria, a una rápida derrota de los ejércitos enemigos que deje el país infectado de adversarios.2

Vallejo Nágera, en el contexto de este racismo sociocultural, llegó a afirmar que la raza es adquisición cultural del ambiente social. La raza debía ser la hispanidad y no consistía, tan solo, en una lengua, cultura, territorio o idea sino en un sentimiento espiritual diferencial.3

La inversión en terror por parte del régimen franquista estuvo presente a lo largo de todo el conflicto bélico, además de en el periodo de represión de posguerra. 

Franco entendía la represión como una empresa a largo plazo y ello quedó evidenciado en el discurso que promulgó el día 19 de mayo de 1939 en el Desfile de la Victoria:

No nos hagamos ilusiones: el espíritu judaico que permitía la alianza del gran capital con el marxismo, que sabe tanto de pactos con la revolución antiespañola, no se extirpa en un día, y aletea en el fondo de muchas conciencias.4

Tanto en este discurso como en dos proclamas posteriores de ese mismo año, Franco rechazó cualquier consideración de amnistía o reconciliación con el bando perdedor. 

El sistema judicial represor entró en vigor el día 1 de abril de 1939 y no difería de manera significativa del que se aplicaba en el bando nacional a lo largo de la guerra. El estado de guerra que se declaró por la Junta de Defensa Nacional el 28 de Julio de 1936 siguió en vigor hasta el año 1948, nueve años después de que terminara el conflicto bélico. 

Precisamente, la motivación de esta permanencia fue que le correspondiera a la Junta el enjuiciamiento y castigo de todo aquel que estimaran que se oponía a la causa franquista.5

LA MECÁNICA DEL RÉGIMEN FRANQUISTA DE POSGUERRA

Los encarcelamientos masivos hacían realidad la idea excluyente según la cual los vencidos no tenían sitio en el nuevo Estado. Eran la expresión del que se puede considerar como una especie de “racismo cultural” contra el hombre moderno, progresista, laico, liberal o marxista, que la España tradicional, conservadora y católica no podía admitir.6 

La guerra había inclinado la balanza del lado de los sublevados. Lo que pudo haber finalizado con una victoria bélica y la posterior reconstrucción de una sociedad ya devastada, dejó paso a la más dura represión contra los vencidos. 

A lo largo del primer lustro de la década de los 40 se llevó a cabo una auténtica limpieza sociocultural con una clara inversión en terror, que siempre tuvo como finalidad el control político del estado sin oposición alguna.

Las declaraciones de los propios dirigentes franquistas durante y después de la guerra fueron acordes a los posteriores acontecimientos represivos que se llevaron a cabo. 

Uno de los objetivos principales en la represión fue establecer un sistema judicial similar al que se impuso durante la guerra, mediante el cual se ajusticiara a participantes y simpatizantes del bando republicano en la contienda.

Los prisioneros que iban a parar a los campos de recluidos recibían palizas y torturas frecuentes destinadas a que delataran a otros republicanos. El mero hecho de que los ciudadanos “de confianza” declararan que un sospechoso era un indeseable o profesaba convicciones izquierdistas bastaba para llevar a cabo un arresto y, con frecuencia, un juicio. 

El golpe de Estado con el que el coronel Segismundo Casado traicionó a la República el 4 de marzo de 1939 allanó de manera significativa el camino a la represión. Casado ─comandante del Ejército Republicano del Centro─, con la esperanza de impedir que prosiguieran la matanza, formó un Consejo Nacional de Defensa en oposición a Negrín ─quien estaba apoyado por líderes anarquistas ferozmente anticomunistas─.7

Pere Grañén estuvo detenido en San Marcos, uno de los peores campos de concentración del franquismo. Entre 15.000 y 20.000 hombres y mujeres padecieron, tras sus centenarios muros, todo tipo de carencias, torturas y humillaciones. Los historiadores han documentado un mínimo de 1.500 prisioneros fusilados, “paseados” o fallecidos a consecuencia del hambre y las enfermedades.8

Nunca en la historia de España se había puesto en marcha una estrategia de tortura masiva como la que practicó el régimen de Franco desde el día de la victoria. En la posguerra se restauraron métodos de crueldad primitiva basados en la descomunal paliza que en ocasiones concluía con la muerte. 

El poeta Marcos Ana, quien fue detenido en 1939, expresó las siguientes palabras casi cinco décadas más tarde:

Eran unos métodos muy brutales, muy poco refinados: simplemente te apaleaban bárbaramente. Muchos se les quedaban entre las manos, muchos morían. Pero, a fin de cuentas, al tercer golpe perdías el sentido y se acababa la tortura.9

La causa fundamental de muerte fue la combinación de las ejecuciones legales, tras un consejo de guerra rápido, y las extralegales, fundamentalmente las sacas y paseos. 

Resulta complejo separar las ejecuciones de las muertes por causas naturales dentro de prisión. Fue un foco masivo de muerte por la combinación de hambre, enfermedad y desmoralización generalizada que llevó a muchas personas al suicidio. 

La violencia más letal fue la propia inercia de aquel sistema y especialmente el hambre, que causó numerosas enfermedades en una población que ya sufría una falta de alimentos prolongada.10

Enjuiciamientos con escasas garantías procesales, encarcelamientos masivos en duras condiciones de hacinamiento y con clara falta de salubridad e higiene, hambre, torturas y ejecuciones arbitrarias, fueron los penosos destinos de muchos de los que pertenecieron al bando perdedor de la guerra civil española.

LA RESPUESTA SOCIAL Y EL EXILIO REPUBLICANO

La respuesta social en el periodo de estudio contemplado se resume en dos opciones diferenciadas. 

Por un lado, estaba la posibilidad de posicionarse activamente a favor del régimen franquista sin emitir ningún juicio de valor negativo al respecto. Por otro lado, existía la opción de emigrar a otro país que estuviera predispuesto a la acogida de exiliados por motivos políticos. Algo muy complejo en el contexto europeo de principios de los años 40.

En marzo de 1939 se encontraban en Francia unos 470.000 refugiados españoles. De toda esta masa humana, en los meses siguientes regresaron a España aproximadamente 360.000.11 El gobierno y la derecha francesa los recibieron con hostilidad y los consideraron ciudadanos “indeseables”. 

En el norte de África las autoridades francesas también recibieron con reticencia a los españoles encerrándolos en inhumanos campos de concentración. México decidió admitir a refugiados españoles bajo una previa y estricta selección (intelectuales, profesionales liberales, políticos y personas cualificadas); el obrero de a pie apenas tenía posibilidades. 

Entre 1939 y 1948 llegaron a México 22.000 exiliados españoles; a Chile lo hicieron 2.300 y otros 3.000 a República Dominicana entre 1939 y 1940. La diáspora de demócratas españoles llegó a otros países como Colombia, Cuba y sobre todo la URSS, donde tampoco residieron gratis, inmolando muchas vidas en la lucha contra los nazis.12

Finalmente, una de las pocas salidas que quedaba como respuesta social era permanecer en España, confiar en que no te detuvieran y estar permanentemente sometido al terror que emanaba de los aparatos represivos del Estado. De este modo, terminabas sumido en el más absoluto silencio en cuanto a tus opiniones políticas acerca del régimen franquista.

Las estrategias de terror desempeñadas por el bando vencedor supusieron que, en gran medida, se lograran los objetivos inmediatos que se perseguían. El principal fue la anulación de cualquier posible disidencia al asentamiento y afianzamiento del aparato político franquista como poseedor sin oposición de todas las instituciones del estado.

CONCLUSIONES 

La principal conclusión que se extrae de los análisis que en estas páginas se citan es que el término de la guerra civil española no supuso el fin de las hostilidades. La espiral de odio acumulada a lo largo del conflicto bélico no fue superada y supuso que el bando vencedor ejecutara una amplia venganza con el objetivo de sanear la sociedad española. 

La inversión en terror por parte de las instituciones intentó imitar a otras dictaduras totalitarias del momento, que en este periodo se encontraban aventajadas en la guerra en Europa.

Se entiende por terrorismo de estado la comisión de asesinatos con la intención de infundir terror en parte de la población y siempre con el trasfondo de una finalidad política. Todo ello, emanando desde las propias instituciones del estado. 

A tenor de esta definición y a raíz del análisis realizado, la acción de posguerra del régimen franquista cumple las prescripciones exigibles para ser encuadrada como tal.

El empleo del terror fracturó en dos bandos irreconciliables la sociedad española. Las detenciones masivas, el modo de vida en los campos de recluidos, las muertes por hambre y enfermedades, así como las ejecuciones “arbitrarias”, refuerzan la idea de que infundir miedo en la población iba ligado al brazo ejecutor del aparato estatal.

Como refuerzo a esta tesis cabe mencionar el abandono del territorio español de decenas de miles de ciudadanos. 

Este éxodo forzoso no se comprende sino en el contexto de una verdadera persecución cultural hacia todo un colectivo de población. El término de la guerra en una situación menos traumática no hubiera implicado cifras de desplazados tan elevadas. La clara finalidad política mediante la inversión en terror implicó un número de desplazados sin precedentes.

Hemos visto en este artículo diferentes citas textuales del propio Franco y de personalidades afines al régimen. Una de las principales incógnitas surge a la hora de identificar si la contundencia de este discurso de propaganda franquista se llevó a la práctica con la más rotunda firmeza. 

Es cierto que la persecución alcanzó a gran parte del heterogéneo bando republicano. Sin embargo, en ciertos sectores se permitió la convivencia de círculos de ciudadanos afines a ideas republicanas siempre que abandonaran esa ideología en la esfera pública.

Finalmente, a modo de reflexión, parece imprescindible romper una lanza por la objetividad y la honestidad a la hora de realizar un análisis e interpretar cualquier periodo histórico. 

Es necesario evaluar los hechos concretos, el contexto sociocultural e interiorizar la realidad independientemente del signo político que se profese. En España, a lo largo del periodo 1939-1943 se cometieron crímenes contra todo un colectivo de población por parte de un aparato dictatorial que se apropió de las instituciones por la fuerza. 

El asumir esta realidad ayudaría a valorar el sistema democrático como garante de toda disputa política y a defender el marco constitucional como el único camino para mantener la paz social.

Miguel Ángel García-Fraile Hernández

BIBLIOGRAFÍA

[1] HERNÁNDEZ, Carlos, Los campos de concentración de Franco. Sometimiento, torturas y muerte tras las alambradas, Barcelona, Penguin Random House, 2019, p. 112.

[2] ESPINOSA, Francisco, La columna de la muerte: el avance del Ejército franquista de Sevilla a Badajoz, Barcelona, Crítica, 2011, p. 26.

[3] VINYES, Ricard; ARMENGOU, Montse y BELIS, Ricard, Los niños perdidos del franquismo, Barcelona, Penguin Random House, 2003, p. 9-10.

[4] Palabras del Caudillo, 19 de abril de 1937 – 7 de diciembre de 1942, Madrid, Ediciones de la Vicesecretaría de Educación Popular, 1943.

[5] PRESTON, Paul, El holocausto español. Odio y exterminio en la Guerra Civil y después, Barcelona: Penguin Random House, 2016, p. 615-616.

[6] JULIÁ, Santos (coord.), Víctimas de la Guerra Civil, Madrid, Temas de Hoy, 1999, p. 289.

[7] PRESTON, Paul, Op. Cit, p. 620-622.

[8] HERNÁNDEZ, Carlos, Op. Cit, p. 55.

[9] JULIÁ, Santos, Op. Cit, p. 302.

[10] GÓMEZ, Gutmaro, Geografía humana de la represión franquista, Madrid, Cátedra, 2017, p. 239-240.

[11] AUNIÓN, Juan Antonio “Una geografía del exilio republicano español”, El País, 31-III-2019, (consultado el 21 de enero de 2021).

[12] JULIÁ, Santos, Op. Cit, p. 282-283.

Anuario 2020 sobre Terrorismo Yihadista en España.

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