El Ejército de Resistencia del Señor: terrorismo cristiano y resiliencia rebelde

El Ejército de Resistencia del Señor: terrorismo cristiano y resiliencia rebelde
Introducción

El Ejército de Resistencia del Señor (LRA, por sus siglas en inglés) es una organización terrorista cristiana surgida en Uganda en el año 1987, cuando su líder Joseph Kony se autoproclamó médium espiritual. Afirmó haber recibido mensajes de Dios que le pedían establecer un Estado teocrático fundado en los Diez Mandamientos de la Biblia y en la tradición acholi. Se calcula que desde sus inicios hasta la actualidad el LRA ha secuestrado alrededor de 30.000 niños, provocado 100.000 muertes y 440.000 desplazados internos y refugiados en la región de África Central.

Palabras Clave: LRA, Joseph Kony, África, acholi, cristianismo, grupo armado, resiliencia rebelde.

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Surgimiento del LRA

Su origen se ubica tras el derrocamiento del ex presidente Tito Okello, de etnia acholi, por el Ejército Nacional de Resistencia de Yoweri Museveni, actual presidente del país.

Los acholi son un grupo étnico de Uganda, en su mayoría católicos, que representan el 4% del total de la población. Sufrieron un genocidio en los años 70 durante el régimen de Idi Amín Dadá, conocido como ‘El carnicero de Uganda’, y ocuparon el poder de 1985 a 1986.

El LRA consiguió apoyos en la década de los 90 por parte del pueblo acholi, quienes querían restablecer su antiguo poder tradicional. Sin embargo, esta situación se revirtió, cuando el LRA comenzó a utilizar a estrategias terroristas contra la población civil, incluida la etnia acholi, para demostrar que el gobierno de Museveni no era capaz de proteger a sus ciudadanos.

Durante los siguientes años, el LRA se hizo conocer por sus constantes ataques y saqueos a aldeas para abastecerse, el secuestro y reclutamiento de niños para ser utilizados como combatientes, así como de mujeres y niñas para ser utilizadas como esclavas sexuales y convertirlas en esposas de los jefes del grupo. Por otro lado, las torturas y mutilaciones a la población civil han sido prácticas ampliamente empleadas por la organización.

Internacionalización

A finales de los años 90, las operaciones del gobierno de Uganda contra el LRA obligaron al grupo a salir del país y reubicarse en zonas remotas del sur de Sudán, el nordeste de la República Democrática del Congo y la República Centroafricana.

Desde entonces, el grupo ha sido semi-sedentario y rara vez ha buscado gobernar directamente a personas o territorios. Los ataques y saqueos a aldeas continúan siendo una estrategia de adquisición de recursos. Sin embargo, el LRA ha sabido aprovechar los conflictos geopolíticos de la región para establecer relaciones con otras milicias rebeldes y participar en el tráfico ilícito de oro, diamantes, en la caza furtiva de elefantes y el tráfico de marfil, para intercambiarlos por armas y suministros.

El Departamento de Estado norteamericano incluyó al LRA en la lista de organizaciones terroristas en el año 2001, y en el año 2003 el gobierno de Uganda remitió los nombres de cinco los líderes del LRA a la Corte Penal Internacional (CPI).

Dos años más tarde, la CPI dictó órdenes de detención para Joseph Kony, Dominic Ongwen, Raska Lukwiya, Okot Odhiambo y Vincent Otti, estos tres últimos ya fallecidos.

En el año 2006, INTERPOL emitió notificaciones rojas en nombre de la CPI contra dichos líderes por crímenes de guerra y crímenes de lesa humanidad.

En el año 2011, el Gobierno de los Estados Unidos desplegó a 100 asesores militares en África Central, en el contexto de la Ley de desarme del LRA y la recuperación del norte de Uganda de 2009, con el fin de apoyar a las autoridades regionales en la lucha contra esta organización, y la persecución de su líder, Kony. Sin embargo, en 2016, Uganda anunció el cese de las operaciones, pues consideraba que el LRA contaba con menos de un centenar de hombres y su líder era ya un anciano con poca capacidad de preparar grandes ataques. En la actualidad, el LRA continua operando en un amplio territorio que incluye el este de la República Centroafricana, el norte de la República Democrática del Congo, el oeste de Sudán del Sur, Darfur Meridional en Sudán y el enclave de Kafia Kingi, zona en disputa controlada militarmente por Sudán donde se sospecha que se esconde Joseph Kony.

terrorismo cristiano

Ilustración 1. Zona de Operaciones del LRA (Edición propia)

Impunidad

La situación ha llevado a la población que vive en la zona del conflicto a desplazarse desde las zonas rurales y selváticas, donde tradicionalmente se han dedicado a la caza y la agricultura, hacia núcleos urbanos donde sobreviven del comercio informal.

Con un número de hombres estimado en apenas un centenar, los ataques y secuestros perpetrados por el LRA han ido a la baja con el paso de los años. Asimismo, la cohesión organizativa del grupo está bajo presión, mientras Kony parece perder poder sobre los subgrupos que se han ido formando en las diferentes regiones en las que operan. Una nueva facción del LRA ha emergido bajo el mando de un “Doctor Achaye”, lo que ha llevado a algunos analistas a suponer una fragmentación del grupo y su posible desaparición.

Sin embargo, las incursiones y la impunidad continúan.

En mayo de 2020, alrededor de 55 personas fueron secuestradas, entre ellos niños, presumiblemente por miembros de LRA en dos aldeas del norte de la República Democrática del Congo, frontera con la República Centroafricana (RCA). El incidente ocurría dos semanas después de que tres personas fueran asesinadas por este mismo grupo en un ataque en la provincia de Alto-Uelé, en el noreste de la República Democrática del Congo, frontera con RCA y Sudán del Sur.

En septiembre de 2020 otras diez personas fueron secuestradas en otro ataque del LRA en la localidad de localidad de Likhoua, en el sur de la República Centroafricana.

A día de hoy, sólo uno un líder del LRA ha sido procesado por la justicia. Es el caso de Dominic Ongwen, conocido como la “Hormiga Blanca”.

Ongwen fue secuestrado en Uganda cuando tenía 9 años y convertido en un niño soldado en las filas del LRA. Su adoctrinamiento le llevó a ser uno de los más crueles comandantes del grupo. Se enfrentó a 70 cargos por crímenes contra la humanidad ante el Tribunal Penal Internacional (TPI) y podría ser condenado a 30 años de prisión, e incluso a cadena perpetua.

Tres décadas de conflicto: resiliencia rebelde

El caso del LRA es un ejemplo clave de resiliencia rebelde, de acuerdo con Christopher R. Day (2017).

Se entiende por resiliencia rebelde la capacidad de una organización de mantener un control estratégico sobre la organización del grupo y sus recursos, que le permite gestionar con éxito las diferentes amenazas que encuentra en el entorno violento, evitando la derrota durante un tiempo, a pesar de estar en desventaja militar.

La capacidad de control sobre la organización reside en una cohesión organizativa que permite construir y reproducir estructuras que realicen tareas básicas y proyecten la violencia militar.

La capacidad de resiliencia del LRA proviene de su cohesión organizativa, en torno a un líder convertido en ‘Señor de la Guerra’, y de las estrategias de obtención de recursos, basada en su capacidad de analizar el entorno para explotar las regiones sin estructuras estatales, que le han permitido tener la autonomía necesaria para regular el control interno e imponer su hegemonía sobre los actores rivales.

Sus actividades históricamente se han desarrollado dentro de santuarios boscosos autónomos, donde las instituciones son prácticamente inexistentes, y cuyo estatus se ha mantenido más o menos intacto durante más de tres décadas. Los métodos de sometimiento de la población rural le han llevado a ser uno de los grupos armados más temidos, cuyas estrategias de violencia hoy en día son imitadas por otros grupos.

La trayectoria del LRA es un reflejo de los cambios en los patrones más amplios de conflicto en el continente africano, donde las guerras civiles a gran escala han dado paso a grupos armados fragmentados con bases de poder descentralizadas que se extienden por regiones fronterizas remotas.

Este patrón es observable en otros grupos armados como Boko Haram, en Nigeria, los rebeldes Séléka, en la República Centroafricana, y las numerosas milicias de Sudán del Sur y Somalia. También ayuda a explicar otra rebelión de Uganda, el Frente Democrático Aliado (ADF), que se consideró derrotado pero que ha resurgido como un fenómeno transnacional similar al LRA.

La desarticulación del Ejército de Resistencia del Señor y los grupos armados contemporáneos dependerá de que las estructuras estatales logren permear los santuarios boscosos y las zonas remotas en los que el grupo resiste, de la rendición de cuentas de los líderes y señores de la guerra ante la justicia, y de iniciar un proceso efectiva de reparación de las víctimas. Esto último representa un desafío añadido al asistir a una realidad en la que las víctimas se convierten en verdugos, como es el caso de los niños soldados.

Karina Reaño Miranda

Antropóloga Social y Cultural y Analista de Inteligencia

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Bibliografía

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