Alan Turing, y cómo la informática moderna pudo acelerar el fin del nazismo.

Alan Turing, y cómo la informática moderna pudo acelerar el fin del nazismo.

– Sin duda, estamos ante uno de los más célebres personajes en la historia de la informática y la innovación tecnológica. No solo por sus brillantes invenciones, sino por su capacidad para ver el mundo de una forma totalmente diferente y atreverse a cambiar las reglas del juego en una época donde la Segunda Guerra Mundial tambaleaba el Viejo Continente. –

        ¿Quién fue Alan Turing y por qué resulta ser un personaje tan importante en la historia de la computación moderna? Matemático y profesor del Kings College, además de criptoanalista, es considerado como uno de los padres de la informática moderna y resultó ser una pieza esencial contra la expansión del nazismo.

         Fue el primero en formalizar el concepto de algoritmo, argumentando la definición de una máquina calculadora capaz de seguir instrucciones lógicas y precisar un sistema automático (y sonó a leyenda en aquella época) que, a partir de unas reglas sorprendentemente simples, pudiera efectuar cálculos matemáticos y expresarse en un lenguaje formal determinado. Bienvenidos a la primera definición de ordenador convencional.

          Pero ¿Qué tienen en común un matemático y el tambaleo de la Inteligencia Alemana en plena Segunda Guerra Mundial? Turing fue contratado por el gobierno británico y, junto a otros célebres matemáticos del momento, consiguió descifrar los códigos alemanes de la máquina Enigma, una de las mayores ingenierías criptográficas de la época.

       La máquina Enigma era utilizada por los alemanes para crear mensajes codificados y mandar instrucciones a los submarinos alemanes, que interceptaban los convoyes de ayuda estadounidenses. Esto era un gran problema, pues una Europa asolada se moría de hambre y el soporte nutricional y armamentístico era destruido en pleno océano pacífico, hundiendo literalmente toda opción para Inglaterra.

          El brillante matemático, al mando de una división secreta de la Inteligencia Británica, diseñó múltiples procesos algorítmicos que resultaron en una máquina “inteligente” capaz de descifrar los códigos alemanes a través de una serie de cálculos combinados mucho más veloces que el ser humano, y todo ello antes de que que el reloj marcara la medianoche, pues la criptografía empleada por los nazis era modificada cada día, a fin de que, en caso de ser descubiertos, no pudieran ser válidos pasadas las 24 horas.

       Este gran descubrimiento fue esencial para cambiar el curso de la guerra: ayudó a que las fuerzas aliadas fueran un paso por delante de los alemanes, todo ello sin que los propios nazis fueran conscientes de que Enigma ya no era un misterio bélico. Se calcula que la aportación de Turing acortó hasta dos años la Segunda Guerra Mundial y pudieron salvarse miles de vidas.

         Pero, por si esto fuera poco, le debemos a Turing mucho más. Sin él, no existiría la computación informática tal como la conocemos. Además, es considerado uno de los progenitores fundamentales de la Inteligencia Artificial, pues su teoría del “Test de Turing”, fue uno de los primeros argumentos conocidos para deducir si una máquina inteligente de silicio podría algún día ser capaz de pensar y razonar como un ser humano, marcando un método práctico con el que establecer hasta qué punto una persona puede diferenciar, mediante una simple conversación, las respuestas de una máquina inteligente y alguien de carne y hueso. Esto, amigos míos, es el nacimiento del concepto de Mente Artificial Inteligente.

        Triste, e independientemente de la importancia esencial que supuso su aportación al mundo de las matemáticas y la computación moderna, se le consideró un incomprendido durante toda su vida e incluso fue sentenciado a castración química por conductas “poco apropiadas” En otras palabras: era homosexual, y por aquella época era ilegal en Inglaterra. Finalmente, Alan Turing se suicidó en 1954 por medio de una manzana envenenada de cianuro. La leyenda dice que Steve Jobs, fundador de Apple, creó el famoso símbolo de la manzana mordida en honor a este personaje de la informática.

       Sin Alan Turing, no existirían los algoritmos tal como los conocemos hoy en día y el mundo de la criptografía sería completamente diferente. El ordenador moderno y la informática actual es lo que es gracias a él. Este genio de las matemáticas supuso un salto tecnológico en su época, además de convertirse en el mayor héroe olvidado de la Segunda Guerra Mundial.

       Como aportación, para todos aquellos que quieran descubrir más a fondo esta curiosa historia y entender la relevancia de sus aportaciones a nuestro mundo, te recomendamos visualizar la película The Imitation Game (Descifrando el Enigma), donde un impresionante Benedick Cumberbatch nos regala una deliciosa actuación que no dejó indiferente a Hollywood, ganando el largometraje varias nominaciones a los premios Oscar.

 

Y tú, ¿Conocías a Alan Turing?

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